Tuesday, June 27, 2006

Década del 90


Lo que se observa en los estudios de esta etapa es la ausencia de dogmatismos o ideologismos que limiten los análisis. Por un lado, "implicó la búsqueda de nuevas salidas estratégicas de las currículas y algo de creatividad en la articulación con organizaciones sociales, pero también es cierto que el horizonte del mercado, sus financiamientos directos o indirectos y sobre todo, la paulatina mercantilización de los posgrados introdujo una distorsión en estas cuestiones."[1]
Aceptado el mercado como organizador de la producción de los recursos y la distribución, la Universidad no se convirtió en la impulsora de una política cultural alternativa a la distribución menemista liberal. Las disputas académicas se limitaron a las formas de administración de la crisis, y así fue como se desembarco en el capitalismo académico, la desilusión política y el escepticismo.
Al mismo tiempo se señala que el contexto académico se encuentra en grave crisis, con escasas condiciones materiales para el desarrollo de las producciones teóricas, sin señalar claramente que será el mercado quien ocupe su lugar como articulador de esas investigaciones, como sí se observa en otros balances.
En cuanto a los contextos socio- político, marco teórico, métodos y figura del intelectualse puede decir que dos procedimientos se destacan en un texto editorial de Causas y Azares, para invalidar la crítica a la cultura de masas: por un lado "hacer existir lo que no existe" (es decir, una exagerada valoración de la capacidad y libertad del consumidor de los productos de la cultura masiva, mediante la resemantización, el ejercicio del zapping, etc.), por el otro lado, las producciones de los intelectuales orgánicos de los medios que banalizan las críticas y planteos que puedan hacerse a la cultura de masas, y a las imposiciones que ésta le pueda hacer a la política. Así, se observan tendencias "recepcionistas", que sobredimensionan las capacidades del receptor al enfrentarse con los medios y se descuidan aquellos temas clásicos sobre la comunicación que se ponían en juego en análisis anteriores (los códigos y las experiencias que el receptor pone en juego al consumir televisión).
Acerca de los intelectuales, a partir de los noventa, conformado un aparato multimediatico, se tornó muy difícil llevar adelante una tarea crítica eficaz. La industria de los medios tiene una potencia integradora de los intelectuales y al mismo tiempo genera los propios, es decir que se van conformando intelectuales orgánicos de los medios. Por otro lado "la falta de distancia crítica para afrontar el juicio a los productos de los medios masivos, la poca disposición a observar las contradicciones del sistema de concentración multimediatica, la apología de la interactividad como preámbulo de una democratización de auto generación, son todas posturas que dejan de lado una actitud tradicional del intelectual inconformista, que es su relación traumática con el poder"[2]; es así como " se puede advertir la despolitización de la práctica de los intelectuales que progresivamente se van incorporando a la política cultural de los medios"[3]
En ese sentido, en cuanto al método utilizado, Grimson y Varela dicen que "diversas herramientas metodológicas reconvertidas o creadas para el estudio de las audiencias, como la entrevista en profundidad, la observación participante y el focus group, son crecientemente aplicadas a los estudios de mercado".[4]
Como en los periodos anteriores es el contexto socio-político de la década un factor determinante, en este caso, es el segundo impulso del neoliberalismo, no sólo en América Latina, sino en todo el mundo, el que moldea el estado de los estudios en comunicación. En nuestra región esta política se caracterizó por la privatización de la mayoría de las instituciones públicas, lo que concluyó en la retirada del Estado de muchas esferas y la ocupación de las mismas por el mercado. Éste se convirtió en el ente articulador indiscutido (e indiscutible) de la vida social, mientras que el Estado devino en una entidad ineficiente que necesitaba emular la estructura de las empresas privadas para modernizarse.
La idea de un mundo globalizado en el que se han desdibujado definitivamente las fronteras entre naciones ha acentuado la idea de un poder diseminado en varios lugares. Ya no se estudian los temas cruciales en donde se creía se desarrollaba el poder (el Estado, la guerra, la crisis, etc.) sino que se intensifica el análisis sobre la superficie social.
[1] Mangone, C., "La burocratización de los análisis culturales", en Zigurat, n° 4, pág. 135, Buenos Aires, noviembre 2003.
[2] Causas y Azares, "Interrupciones en la comunicación y la cultura: ni somos budistas, ni tenemos la televisión de adorno", en Causas y Azares, pág. 3. NFL, primavera 1994.
[3] Ídem.
[4] Grimson, A. y Varela, M., "Recepción, Culturas populares y medios. Desplazamientos del campo de comunicación y cultura en la Argentina", en Audiencias, cultura y poder. Estudios sobre televisión, pág. 87. Buenos Aires, Eudeba, 1999.

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